viernes, 1 de febrero de 2013

Rubén Bonifaz Nuño

La muerte de Rubén Bonifaz Nuño no es una pérdida como otras: es una que cala hondo.
Sin duda, es cierto que, al perder nuestra lengua un escritor de su talla, pierde un poco de sí; pierde la presencia de un hombre entregado por completo a la cultura universal en muchas de sus manifestaciones, pero, ya lo decía Horacio, la poesía y el resto de la obra de Bonifaz no morirá del todo. No morirá mientras circulen sus versos –en un país donde la poesía se lee entre poco y nada–, mientras esos pocos fieles lectores de poesía lo sigan leyendo y recordando en cada charla, se sentirá fuertemente a RBN.

Tuve, junto con mis amigos, la dicha de conocerlo y cruzar palabras con él. Fuimos invitados a tres de sus cumpleaños: el 86, el 87 y el 88; yo fui invitado y acudí a todos ellos debido a la amistad con Jimena, hija de la señora Paloma, compañía infatigable de Rubén; cada año iba, por razones inexplicables, con alguien diferente de mis amigos. Cada una de esas veces le agradecíamos por su poesía y su pasión inconmensurable por la vida y la literatura: siempre esbozaba una sonrisa sincera antes de dar otra mordida a su pambazo, una fumada a su cigarro o morder su pastelillo de elote. El 88, fue el último que celebró un cumpleaños en su oficina rodeado de la gente que lo quiere –que lo querrá eternamente–; fue una celebración diferente, ya su salud comenzaba a verse delicada, pero eso no impidió que le llevaran un gaitero de Las Islas y tocara para él, ahí en su oficina del primer piso de la Biblioteca Central.

Ha muerto el poeta, el hombre universitario, el gran Rubén Bonifaz Nuño, poeta extraño en muchas formas. Nunca quiso que se le reconociera como hacían otros poetas, no, él quiso dedicarse y dedicar gran parte de su vida y su obra a la Universidad. Eso, lo marginal, lo ensalza aún más: es un poeta que merece ser leído –uno espera– como es leído Sabines, por ejemplo.

La noticia de su muerte me ha entristecido severamente, lo estoy llorando; puedo asegurar que el mismo impacto ha tenido en mis amigos Daniela y Enrique con quienes particularmente he compartido momentos de dicha y de dolor causados por la lectura de los versos de "Boni", los cuales, de hoy en adelante, no se nos podrán olvidar por muchos motivos (ser un hombre abierto para con los estudiantes es uno de ellos, de los que serán recordados).

Transcribo a continuación un poema suyo de Los demonios y los días:

                  38
¿Cuál es la mujer que recordamos
al mirar los pechos de la vecina
de camión; a quién espera el hueco
lugar que está al lado nuestro, en el cine?
¿A quién pertenece el oído
que oirá la palabra más escondida
que somos, de quién es la cabeza
que a nuestro costado nace entre sueños?

Hay veces que ya no puedo con tanta
tristeza, y entonces te recuerdo,
Pero no eres tú. Nacieron cansados
nuestro largo amor y nuestros breves
amores; los cuatro besos y las cuatro
citas que tuvimos. Estamos tristes.
Juntos inventamos un concierto
para desventura y orquesta, y fuimos
a escucharlo serios, solemnes,
y nada entendimos. Estamos solos.

Tú nunca sabrás, estoy cierto,
que escribí estos versos para ti sola;
pero en ti pensé al hacerlos. Son tuyos.

Ustedes perdonen. Por un momento
olvidé quién estaba hablando.
Y no sentí el golpe de mi ventana
al cerrarse. Estaba en otra parte.

                (En Los demonios y los días, FCE, México, 2006. Edición facsimilar.)


Gracias y hasta siempre, Rubén.

domingo, 13 de enero de 2013

Recordemos a Ramón

En estos días se cumplen 50 años de la muerte de Ramón Gómez de la Serna, Ramón, uno de los más grandes escritores en lengua española y uno de los grandes exponentes del vanguardismo. Pongo aquí unas cuantas greguerías, género propiciado por él, tan únicas y tan refinadas como ellas solas.


* El arco del violín cose, como aguja con hilo, notas y almas, almas y notas.

* La espina dorsal es el bastón que nos tragamos al nacer.

* «Ídem», buen seudónimo para un plagiario.

* Cuando al casorio se le llama himeneo, parece que va a haber boda con rumba final.

* Las espigas hacen cosquillas al viento.

* Lo más importante de la vida es no haber muerto.

* Diccionario quiere decir millonario en palabras.

* Nostalgia: neuralgia de los recuerdos.

* Dos en un auto: idilio. Tres: adulterio. Cuatro: secuestro. Cinco: crimen. Seis: tiroteo con la Policía.

* El hielo se derrite porque llora de frío.

* Lo que más le molesta a las estatuas de mármol es que tienen siempre los pies fríos.

* Comió tanto arroz que aprendió a hablar el chino.

* Lo irracional es así: el animal que se mira en un espejo cree que es un amigo o una amiga, nunca él mismo.

* La golondrina llega de tan lejos porque es flecha y arco al mismo tiempo.

* Lo único que comen las puertas son esas nueces que les damos a partir.

* La jirafa es un caballo alargado por la curiosidad.

* La gaita es una especie de vino musical.

* El sostén es el antifaz de los senos.

sábado, 15 de diciembre de 2012

El lugar de la poesía

Hoy fui a la calle de Donceles a ver qué podía encontrarme en la mar de libros que ahí se ofrecen, luego de visitar algunas librerías, pasé a una donde había una generoso descuento; pregunté por el libro que he estado buscando desde hace algunos meses: Odiseo de Agustí Bartra. Como es un poema, mandé al joven que ofreció su ayuda a que buscara en la sección de POESÍA, quizá ahí, además, se hallaran algunos otros libros del mismo autor. No fue así.
Decidió buscar en la sección de NOVELAS, donde encontró La luz en el yunque y llegó a mí muy contento, pues había encontrado al autor, al menos. Cuando vi el libro me emocioné: es un título de aquella colección de Lecturas Mexicanas casi inencontrable. Me sorprendí porque el libro es una antología de la poesía de Bartra, poesía, poesía, pero estaba en la parte de novela.
Le pregunté que si lo había hallado en ese pasillo, me respondió con orgulloso "Sí". Yo estaba contrariado y no se me ocurrió más que decir salvo un "es que esto es poesía" y en mi cabeza resonaban –resuenan– las palabras del Lobo Sapiens, con su acento peculiar, que suelen terminar esa frase que dije casi sin pensarlo: "…y muchas otras cosas".
La poesía, entonces, aparece donde menos se espera causándonos gratas sorpresas. De eso se trata la poesía de estar a la expectativa respecto de las cosas del mundo, de aquellas que conocemos y de aquellas otras que requieren ser nombradas de nuevo; de eso y muchas otras cosas.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Esercizio #4190


(Sense cap sentit  raó títol)


          Al menos, hazme una llamada mamada aunque sea breve. Por ejemplo.