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jueves, 20 de marzo de 2014

Gimferrer y la trampa de las palabras



las palabras,/ estos bultos de sombra que pronuncian
el nombre/ de jardines secretos

Un fragmento de Joan Brossa aparece como epígrafe a Els miralls, primer poemario en catalán de Pere Gimferrer: «Un juego de espejos/ permite ver el otro lado del poema»; es una frase que demuestra una de las constantes de su poesía: los espejos/sistemas de espejos. Esto se ajusta a una concepción de la poesía que afirma que la realidad es fugaz, incierta e imposible de alcanzar; todo se mueve en un mundo de apariencias, se vuelve ambiguo, vano.
Sin embargo, en la poesía de Gimferrer se deja ver la importancia que tiene para el poeta el recurrir a los sentidos, pues para él es de vital importancia tomar hechos directos y hablar no de abstracciones sino de experiencias. «By love possessed» habla de eso, de la posesión del amor, que empieza por un beso, veamos qué se dice:

Me dio un beso y era suave como la bruma
dulce como una descarga eléctrica
como un beso en los ojos cerrados
como los veleros al atardecer
pálida señorita del paraguas
por dos veces he creído verla su vestido…

se habla del beso y para ensalzar el hecho recurre a una descripción de lo que la mujer le provoca, que realiza mediante imágenes que van de la propia experiencia del autor y apelan a la del lector. La bruma, la descarga eléctrica, el beso en los ojos y los veleros al atardecer, es una carga de experiencias que confluyen en una: la experiencia del enamoramiento.
Un aspecto digno de atención es la «ruptura idiomática», que podemos definir como una «omisión» de las reglas ortográficas, apostando además por una carga fónica. Gimferrer no sólo es consciente de lo que quiere decir sino de cómo se ha de decir; apuesta por construir una prosodia característica del verso y por hallar una relación entre los ritmos versales y sintácticos. Esto puede verse al menos en el fragmento del poema que menciono arriba, cómo no se sirve de las comas para hacer la enumeración, pues tanto la disposición versal como el ritmo sintáctico configuran la prosodia de la que he hablado.
Otro de los aspectos de la obra poética de Pere Gimferrer —ya vimos el uso lúdico de la lengua y el recurso de experiencias sensoriales— es el collage, la superposición que se acerca a la acumulación de imágenes. Esto puede verse en «Antagonías» que a la vez que puede considerarse un poema barroco también puede tenerse como un metapoema, digo esto por el uso de frases encerradas en paréntesis, un rasgo que precisa de una enunciación diferente y que confluye en la reflexión de los giros que hace el propio Gimferrer.

el espacio y el tiempo de un poema, el tono en que se dice,
el ritmo de lectura, las pausas, los silencios, lo que alude
                                                                   entre paréntesis,
(lo que un poema alude entre paréntesis)
la superposición de imágenes que aluden a la muerte, al amor,
                                                          al transcurso del tiempo
(la superposición de imágenes que aluden al poema)
cuando en la noche una voz se detiene, se hace una pausa
                                                 en la lectura, se alza la mirada
para contemplar el fuego reflejado en el espejo,
y todo queda entre paréntesis,…

Se hacen aquí evidentes: la auto-referencialidad del poema, la conciencia de la prosodia pues escribe sobre la lectura del poema, de este poema, quizá; nos hace darnos cuenta de lo que uno puede pensar al leer un poema («se hace una pausa/ en la lectura, se alza la mirada…»), y que al regresar a la lectura todo queda suspenso, «entre paréntesis».
Tras esto, vuelvo al epígrafe de Brossa, es probable que ya se entienda su sentido, este poema (como muchos otros) demuestra la potencia transmutadora de la lengua, reflejada como en un juego de espejos, descubriéndonos así la trampa de las palabras de este mundo del que habla la poesía.

lunes, 19 de agosto de 2013

De barcos y estúpidas (O de fragmentos literarios en la red )

En estos tiempos en que nos valemos de las redes sociales para conocer y saber de muchas personas y muchas cosas es normal que la literatura (y la gente interesada en ello) halle cabida en ese espacio tan misterioso como fecundo y truculento. La circulación de contenido de este tipo es desmedida, y llaman, algunas veces, poderosamente la atención haciendo que olvidemos el autor o el contexto en que fueron enunciadas o producidas.

La inmensidad de información con que se cuenta en internet da pie a que la gente tienda a «engañar» a los demás mediante citas atribuidas a autores de renombre. Con la supuesta confianza en internet debemos creer que aquello que aparece en imágenes con texto son de quien dice firmar. Además, el formato de dichas imágenes provocan un efecto de certeza en lo que leemos, es decir, si tiene un filtro y aparece el autor en una pose de verdaderamente estar enunciando lo que aparece a un lado, es que realmente lo dijo. Por cosas como la siguiente deberíamos (la gente debería) desconfiar de lo que se topa en la red:



Uno de los casos que más me llaman la atención es el de Pablo Neruda y su archiconocida frase, no acreditada –hasta donde hay noticias– en ninguno de sus libros, de las flores y la primavera. Lo curioso es que siempre aparece en campos como «citas de Neruda» sin decir más: sin un «contexto», ni mucho menos el origen de la cita.


La imagen/fragmento literario que interesa para esta entrada es bien curiosa y es un caso de raro al hallarse frente al origen de la cita atribuida. Contaré la anécdota: La vi en facebook por primera vez y me pareció una de esas citas rotundas de tan claras, vi que era de Cesare Pavese, es decir, había sido traducido del italiano al español; por puro gusto quería encontrar el original y leer más de la producción pavesiana. Tal es el archivo digital:


Algunos de mis contactos en facebook que le dieron difusión lo consider(ab)an un «poema». La imagen de arriba no parece indicarlo muy claramente, ¿por qué si es parte de un poemario de Pavese, pensémoslo así, aparece el nombre del autor bajo el textito?, y ¿si, en cambio, era parte de otro texto? (Así parece, pues asemeja que el texto fue escaneado y se ven las letras del reverso de la hoja).

El que pareciera ser el título es una de las pistas a seguir ¿el «poema» se llama así, «Una casa en el océano»? ¿Cómo ha de llamarse en la lengua original?

Una búsqueda en ese compendio maravilloso que es Google me llevó a descubrir que la imagen y ese título peculiar provienen no de un poema llamada «Una casa en el océano», sino de una novela de Guillaume Musso, La mujer de papel (La fille de papier): había dos procesos de traducción implicados, del italiano al francés y de éste al español. Ya llevábamos algo de avance. El epígrafe al primer capítulo, «La maison de l'océan» (nótese el cambio del artículo), de la novela en francés (aquí leerás un extracto), dice:

Il arrive qu'une femme rencontre une épave et qu'elle décide d'en faire un homme sain. Elle y réussit parfois. Il arrive qu'une femme rencontre un homme sain et décide d'en faire une épave. Elle y réussit toujours.

Cesare PAVESE,
ha pasado literalmente a la versión española.
Luego, hallé que la cita de Pavese se encontraba en una especie de diario, Il mestiere di vivere (Diario 1935-1950), donde él prácticamente anotaba todo lo que venía en gana y figura más una compilación de aforismos e ideas, un «simple estuche de frases maravillosas» –así dice Zaid sobre las acumulaciones de fragmentos citables en El secreto de la fama–. Pavese sería hoy, sin duda, hoy un tuitstar.

Pero, como se dice por ahí, la verdad es otra. En italiano la situación es interesantísima, la traducción italiana de la novela sí indica de dónde proviene la cita de Pavese (La ragazza di carta –puede leerse el primer capítulo aquí–) y así es como lo apunta nuestro autor italiano el 3 de agosto de 1937:
Una donna che non sia una stupida, presto o tardi, incontra un rottame umano e si prova a salvarlo. Qualche volta ci riesce. Ma una donna que non sia una stupida, presto o tardi trova un uomo sano e lo riduce a rottame. Ci riesce sempre. [edición al cuidado de Marziano Guglielminetti y Laura Nay, Torino, Einaudi, 2000]
y la traducción al español hecha por Esther Benítez para Bruguera en 1980:
Una mujer que no sea una estúpida encuentra, más pronto o más tarde, un desecho humano y trata de salvarlo. A veces lo consigue. Pero una mujer que no sea una estúpida encuentra, más pronto o más tarde, un hombre sano y lo reduce a un desecho. Siempre lo consigue.
Es probable que Musso haya citado de memoria a Pavese y ahí se haya perdido el «que no sea una estúpida». Es algo que suele pasar. Una búsqueda en Google muestra que así como aparece en la novela así se suele reconocer en francés la mentada cita (habría que buscar la edición francesa de Il mestiere...). ¿Acaso habrá pensado que era machista? La labor del traductor, lo sé, es ingrata pero esto lo rebasa (hasta divertirnos y, estando ociosos, publicar este tipo de entradas)

¿Por qué en la versión española aparece un barco en pedazos que se hace hombre?, ¿por qué precisamente un barco? Internet o, más probable, la traducción española de La fille de papier –que al parecer de esa versión deriva la imagen en red–, nos ha cambiado algunas palabritas: estúpida desaparece para que haga lo que quiera con un barco en pedazos (jamás dice que puede encontrarse con un barco sano, ¿verdad?)

Yo creo que a los franceses no les gustó que la palabra «estúpida» apareciera en una cita memorable no sólo por lo que dice, mas por la forma de decirlo. Musso, o por mejor decir, su memoria, parece que mejoró al distorsionar la frase pavesiana y un lapsus provocó que así se difundiera en español y de ahí corriera como la pólvora, se hiciera viral en facebook y la gente llenara sus muros con ésa y otras falsas e incompletas atribuciones de que estamos llenos.

                                                     Vale.

jueves, 27 de junio de 2013

Una (pequeña) nota sobre la riqueza del español

Siempre suele hablarse de las dificultades de comprensión entre los hablantes de una lengua extendida por muchos continentes, los casos más claros son el del inglés y el del español. Los dialectos, pues, representan una parte esencial en la amplitud y riqueza de una lengua.
En la Universidad, hace poco, mi compañera tenía que hacer un trabajo en equipo para acreditar una materia (Literatura Mexicana del s. XIX) y entre las posibilidades de equipo había hacerlo con una española que estaba de intercambio indefinido en México. Las cosas fluían con aparente calma: sentían que aportaba ideas sobresalientes, relevantes... hasta que llegó la hora de elaborar el producto final del equipo, un video donde se explicara el tema asignado a cada grupo; las ideas surgieron al por mayor, la susodicha española (con el mismo nombre que el de mi compañera) planteó contratar a un dibujante que ilustrara la explicación del tema en cuestión (la intertextualidad y la intermedialidad).
Hippie y extraña como pocas, sabía de una italiana dibujante que no entendía nada de español. Ahí nacían los problemas. Quizá la tensión de final de semestre para los de acá provocaron que la extranjera les llevará la contra en todo. Eran cuatro contra una que no se dejaba convencer y se obstinaba en ver sus ideas en la práctica, derrotando al grupo de mexicanos que empezaba a no quererla tanto (odiar suena feo).
Como suele suceder (y no es cosa que me moleste, más al contrario, me agrada escuchar a ciertas personas –y mi compañera es una de ellas–), yo sabía de la incipiente aversión a la catalana en pláticas que servían de liberación de un poco de enojo. En ellas solía decirse que Anna (tal era el nombre de la ibérica) era una necia. Yo sabía bien que quería decir terca. 
Imagínense (yo lo hice) que el equipo le decía a Anna que era una necia. De seguro se hubiera enojado porque dudaban de sus capacidades intelectuales sólo por no querer estar de acuerdo. Es aquí que vale la pena traer lo que dice el DRAE sobre “necio”:

necio, cia.
(Del lat. nescĭus).
1. adj. Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. U. t. c. s.
2. adj. Imprudente o falto de razón. U. t. c. s.
3. adj. Terco y porfiado en lo que hace o dice. U. t. c. s.


La primera acepción es la más conocida y usada en España. La tercera, en cambio, es a la que se acude en México. De ahí que en nuestra supuesta situación hubieran salido chispas y en verdad habría habido resentimiento. Por suerte, sólo le dijeron que, pues la catalana quería más conocer el país y dejarse llevar que hacer un video sin su amiga itálica, trabajarían con un amigo de mi compañera que entendió muy bien la idea del equipo y fue bastante más accesible.
Y es que tratar con necios es tan difícil que en verdad uno llega a pensar que son necios. O ya no sé qué.


domingo, 13 de enero de 2013

Recordemos a Ramón

En estos días se cumplen 50 años de la muerte de Ramón Gómez de la Serna, Ramón, uno de los más grandes escritores en lengua española y uno de los grandes exponentes del vanguardismo. Pongo aquí unas cuantas greguerías, género propiciado por él, tan únicas y tan refinadas como ellas solas.


* El arco del violín cose, como aguja con hilo, notas y almas, almas y notas.

* La espina dorsal es el bastón que nos tragamos al nacer.

* «Ídem», buen seudónimo para un plagiario.

* Cuando al casorio se le llama himeneo, parece que va a haber boda con rumba final.

* Las espigas hacen cosquillas al viento.

* Lo más importante de la vida es no haber muerto.

* Diccionario quiere decir millonario en palabras.

* Nostalgia: neuralgia de los recuerdos.

* Dos en un auto: idilio. Tres: adulterio. Cuatro: secuestro. Cinco: crimen. Seis: tiroteo con la Policía.

* El hielo se derrite porque llora de frío.

* Lo que más le molesta a las estatuas de mármol es que tienen siempre los pies fríos.

* Comió tanto arroz que aprendió a hablar el chino.

* Lo irracional es así: el animal que se mira en un espejo cree que es un amigo o una amiga, nunca él mismo.

* La golondrina llega de tan lejos porque es flecha y arco al mismo tiempo.

* Lo único que comen las puertas son esas nueces que les damos a partir.

* La jirafa es un caballo alargado por la curiosidad.

* La gaita es una especie de vino musical.

* El sostén es el antifaz de los senos.

lunes, 14 de mayo de 2012

Un poema de Salvat-Papasseit (Me l'estimo, a més, perquè és alta i esvelta))

Porque es alta y esbelta
toda se sabe estremecer.
Si los cabellos le pendían
como el fruto del racimo
¡por entre los senos
se iban los gajos a perder!

—Más abajo si llegaban
florecíale el ombligo.

(Mi traducción —una mica cutre—, en unos papeles perdidos y encontrados hace poco.)


Since she is tall and fine
she knows truly how to thrill.
If her hair hung dowm
like the fruit of the vine
the grapes would be lost
between her breasts!

—If they reached further down
her navel would burst into flower.

(En  Joan Salvat-Papasseit, Selected Poems, trans. by Dominic Keown and Tom Owen, The Anglo-Catalan Society, 1982.)


Perquè és alta i esvelta
tota es sap estremir.
Si els cabells li penjaven
com el fruit del raïm
pels clotets de la sina
s'hi perdien gotims.


—Més avall si arribaven
floria l'omelic.

(De El poema de la rosa als llavis, 1923, en Sala-Valldaura, Antologia de la poesia eròtica catalana del segle XX, 1977.)

sábado, 21 de abril de 2012

POEMA


Este poema es un espejo                                 Este espejo es un poema
          en que un espejo                                  en que un poema
          se mira                                                se lee
          y este espejo es un poema                    y este poema es un espejo
          en que el poema                                  en que el espejo
          se lee                                                  se mira


Eduardo Lizalde

martes, 14 de febrero de 2012

"hecho amoroso sin ningún viso de actuación."

Tenía mucho tiempo sin acudir a Relatos vertiginosos. Antología de cuentos mínimos, una selección de minificciones hecha por el egregio Lauro Zavala; lo hice sólo para releer un textillo de Mónica Lavín que me pone de buenas.
Iba a poner algo, pero creo que ésta es una de esas ocasiones en las que uno remite al texto para suplir ese vacío —nada normal—. Sólo diré que me gusta lo que puede haber de reflexión del lenguaje, usada para ensalzar ese "acto" que se leerá a continuación, aquel "sin ningún viso de actuación".

Dos puntos

Sedúceme con tus comas, con tus caricias espaciadas, tu aliento respirable y tus atrevimientos continuos; colócame el punto y coma para cambiar las caricias por largos besos y frases susurradas boca a boca. Haz un punto y seguido para desatarte de mí y contemplar mi desnudez sobre tu cama, ahora interrumpe con guiones para soltar un halago sobre mi cuerpo y su huella en tuyo —recorrer con la mirada el talle y el hundimiento en la cintura, el ascenso en la cadera, la larga prolongación de las piernas rematadas por un pies que no resistes besar—. Embísteme sin mi rechazo y tortúrame con la altivez de tu deseo arrastrándome muy lejos (al borde del abismo entre paréntesis y sin comas por favor), ahora desenvaina tus puntos suspensivos... —maldito trío de puntos— ese espacio sin nombre no se alcanza.
      Un punto y aparte para calmar el temblor de mi cuerpo y sonreírte al tiempo que me das a beber del vino espumoso en una copa. Borro mis interrogaciones. Toda una antesala para retomar tus comas y regalarme la humedad de tu boca y la suavidad de tu respiración en mis orejas, cuello, nuca, hombros; atacar con puntos y comas nuevamente para buscar con tu dedo un clítoris congestionado, pasar tu lengua entre esos labios escondidos y saborear mis secreciones —robármelas entre guiones— y atizar de nuevo en mi centro ardiente ocupándolo, sosteniendo el ascenso ¡inminente! con signos de exclamación, la eyaculación inevitable... hasta acabar con los puntos suspensivos y vaciarte todo en mí y desplomarte extenuado, aliviado y amorosos en mi cuerpo complacido.
      De nuevo un punto y aparte para dormir sobre mi pecho y poner punto final al entrecomillado "acto" que en este caso es un hecho amoroso sin ningún viso de actuación.
      Si estoy equivocada, felicito tu dominio de la puntuación.
      Punto final.

(Relatos vertiginosos. Antología de cuentos mínimos, Alfaguara, México, 2003, pp. 168-169.)

martes, 13 de diciembre de 2011

Cose che mi succedono con la lingua italiana e l'Italia

Cominciare a imparare una lingua –un'altra lingua– significa adentrarsi con la cultura e con le situazioni proprie di quel paese, soltanto, forse, per sapere cosa succede lontano da noi e come è come impattano sulla lingua e sulla cultura.
Uno, vicino alla cultura, anche cerca luoghi dove esistono elementi culturali; in questo caso esiste l'Istituto Italiano de Cultura in Coyoacán, Città del Messico, dove c'è una libreria e una tenda con prodotti gastronomici; a parte degli spazii per la difusione della cultura: dei film, esposizioni, ecc.
Ieri, 12 decembre, l'Istituto è stato attaccato con un oggetto esplosivo. Le autorità giudiziarie non sapevano niente su i responsabili del attacco. Ma oggi, un gruppo anarchista, attraverso un comunicato, ha detto che loro hanno fatto quel oggetto e lo hanno sfruttato con l'obiettivo d'"irrumpir en las relaciones diplomáticas de estos dos países (Messico e Italia) donde reina el fascismo". Il fatto mi sembra un po' male perchè riflessa una presenzia pericolosa di gruppi anarchiste in Messico inclinati al terrorismo e perchè non solo si prova a difendere una persona, un compagno, secondo loro, il giudizio del che fa parte. Una persona fa che molta gente cause probleme internazioli, forse, con il suo giudizio. Solidarità la chiamano.
Loro sono così imbecilli come quell'uomo che dice che non impararà l'italiano perchè nell'Italia ci sono molte dialetti e come imparare italiano se quando vada in Italia non si capirà niente e non avrà una communicazione efficciente se solo sa l'italiano "regolare" e non il siciliano, il piemontese, il ligure, il calabrese a tanti altri dialetti. Ripetto: Imbecille.
Forse l'Ambasciatta Italiana decida rimanere con i suo proggetto culturale in Messico.

lunes, 20 de junio de 2011

Antes de decir cualquiera de las grandes palabras

Tal es el título de un poema de David Huerta, poeta mexicano que a través de su obra realiza una experimentación con el lenguaje, lo lleva a puertos insondables, las más veces y otras tan sólo nos recuerda, nos vuelve a decir, que somos hombres.
Para él no hay "cosa" más importante que el lenguaje, las palabras, los sonidos que ellas producen; ama el lenguaje.
Parece que David quiere mostrar parte de lo mucho que sabe (aunque él dice que ello es muy poco) en cada poema que elabora, bien puede hablar de Blake, de Campbell, de Cortázar y hasta de La Biblia. Así es él. Le gustan los extremos y los experimentos, aparte de lo que uno puede considerar como extraño.

  
      "Antes de decir cualquiera de las grandes palabras"


  Ya se sabe: primero tenemos que ponernos de acuerdo
  en cuáles son, pero convengamos en que existen:

  se escuchan con todo su peso y gravedad
  por la Perspectiva Nievski, en el murmullo de Raskolnikov,

  y  Cortázar se burla de ellas a cada rato
  y las aligera, las despierta, las reconcilia

  con el resto del vocabulario, para que puedan rozarse
  sin daño con las demás y libertad no lastime demasiado

  con su tonelaje de mármol griego
  y su tufillo existencialista y su indudable grandeza trágica

  a tenedor, a janitor, a bibelot –aunque esta última
  es sospechosa de grandeza por culpa de Mallarmé,

  también están las cortas y decisivas, sí, no, ahora, nunca,
  la turbia amor, la limpia muerte, la zarandeada poesía,

  otras que son como el arte por el arte, sándalo,
  por ejemplo, y algunas como desoxirribonucleico, telescópica

  y de indudable elegancia científica, de una manera vaga
  e intensa y laberíntica, al mismo tiempo, conectada

  con esa otra, vida, y están las combinaciones, claro,

  tu boca, esta carta, docenas de objetos verbales
  que sólo tienen importancia por razones inexplicables,

  pronunciadas en la noche o el día, dichas

  o guardadas en el silencio, en la red aterciopelada
  de la memoria, en la fortaleza transparente y enérgica

  del olvido, ese cuerpo o tejido del que también
  están hechas las grandes palabras, el tiempo, tantas cosas.

En Lápices de antes, 1994.