Cominciare a imparare una lingua –un'altra lingua– significa adentrarsi con la cultura e con le situazioni proprie di quel paese, soltanto, forse, per sapere cosa succede lontano da noi e come è come impattano sulla lingua e sulla cultura.
Uno, vicino alla cultura, anche cerca luoghi dove esistono elementi culturali; in questo caso esiste l'Istituto Italiano de Cultura in Coyoacán, Città del Messico, dove c'è una libreria e una tenda con prodotti gastronomici; a parte degli spazii per la difusione della cultura: dei film, esposizioni, ecc.
Ieri, 12 decembre, l'Istituto è stato attaccato con un oggetto esplosivo. Le autorità giudiziarie non sapevano niente su i responsabili del attacco. Ma oggi, un gruppo anarchista, attraverso un comunicato, ha detto che loro hanno fatto quel oggetto e lo hanno sfruttato con l'obiettivo d'"irrumpir en las relaciones diplomáticas de estos dos países (Messico e Italia) donde reina el fascismo". Il fatto mi sembra un po' male perchè riflessa una presenzia pericolosa di gruppi anarchiste in Messico inclinati al terrorismo e perchè non solo si prova a difendere una persona, un compagno, secondo loro, il giudizio del che fa parte. Una persona fa che molta gente cause probleme internazioli, forse, con il suo giudizio. Solidarità la chiamano.
Loro sono così imbecilli come quell'uomo che dice che non impararà l'italiano perchè nell'Italia ci sono molte dialetti e come imparare italiano se quando vada in Italia non si capirà niente e non avrà una communicazione efficciente se solo sa l'italiano "regolare" e non il siciliano, il piemontese, il ligure, il calabrese a tanti altri dialetti. Ripetto: Imbecille.
Forse l'Ambasciatta Italiana decida rimanere con i suo proggetto culturale in Messico.
Un límite vasto y sospechoso sobre cualesquier cosas que están alrededor de nosotros. Versiones y traducciones. Blog de notas (de chaquetas) mentales.
martes, 13 de diciembre de 2011
domingo, 11 de diciembre de 2011
¿Qué hacer en ciertos momentos?
Hace poco veía dos películas que me parecen grandiosas y me di cuenta de que en las dos se daba un consejo fundamental cuando uno estaba en problemas. En la primera, cuando una se veía tentado podía silbar y su conciencia aparecería y lo guiaría por el camino del bien.
En la segunda, el silbido es de resignación ante la muerte, de saber que al final no queda más divertido que silbar, esto ayudará a hacer todo mejor. Veámosle el lado amable a la vida. El siguiente es el fragmento de la película. El otro es una presentación en The Royal Albert Hall (Sing-along).
Yo, mientras tanto, debo aprender a chiflar ya sea por la aparición de mi conciencia o simplemente para ver que no todo está perdido.
En la segunda, el silbido es de resignación ante la muerte, de saber que al final no queda más divertido que silbar, esto ayudará a hacer todo mejor. Veámosle el lado amable a la vida. El siguiente es el fragmento de la película. El otro es una presentación en The Royal Albert Hall (Sing-along).
Yo, mientras tanto, debo aprender a chiflar ya sea por la aparición de mi conciencia o simplemente para ver que no todo está perdido.
sábado, 26 de noviembre de 2011
Un poemita de Gonzalo Rojas
[Cómo ya me gusta este poema.]
Orquídea en el gentío
Bonito el color del pelo de esta señorita, bonito el olor
a abeja de su zumbido, bonita la calle,
bonitos los pies de lujo bajo los dos
zapatos áureos, bonito el maquillaje
de las pestañas a las uñas, lo fluvial
de sus arterias espléndidas, bonita la physis
y la metaphysis de la ondulación, bonito el metro
setenta de la armazón, bonito el pacto
entre hueso y piel, bonito el volumen
de la madre que la urdió flexible y la
durmió esos nueve meses, bonito el ocio
animal que anda en ella.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
¿Ser un perro callejero?
Hace poco en una clase de Literatura Iberoamericana, durante el recuento de un encuentro que el profesor y su adjunto organizaron, el primero anotó que el doctor E.S., en la conferencia inaugural, había puesto la dicotomía académico-intelectual en la que elegía ser un intelectual, porque éste es "como un perro callejero" porque, parafraseándolo, un perro callejero sabe más de la vida que uno de casa y es más hábil y cosas por el estilo. Tal metáfora le pareció de lo más genial a mi profesor y ese entusiasmo por el hilo negro traído y presentado por aquel doctor causó un revuelo impactante en la clase. Al menos tres de mis colegas se sintieron perros callejeros y, yo percibí rencor, empezaron a lanzar comentarios sentidos en contra del ámbito académico de la Facultad.
Conviene decir que esa "cisma" en la Facultad es un poco notoria. Digamos que la academia, usemos algo burdo, es como un Club de Toby en el cual, quien no entra dice horrores de ella y menosprecia la labor, en cierta medida reconocida, que se lleva a cabo ahí y comienza a desarrollar, cosa notable, sus propios proyectos que son impulsados y... alentados por ser rupturistas.
A muchos de la carrera les interesaría ser parte de los intelectuales de México, por su cabeza no pasa estar en las aulas en esa labor que parece tan grata. No; a ellos les gusta la creación, el debate, el pensamiento crítico, la palabra (no sé verdaderamente cuál palabra). Al otro grupo también le gusta todo eso pero me parece que es más real, más factible.
Una de las cosas que el profesor reprochó al "académico" es que a éste nunca le gusta mostrar sus preferencias políticas o dar apoyo a uno u otro partido político. Y que en cambio el intelectual está con todas, sí decide apoyar abiertamente a un candidato, cualquiera.
Aquí me acuerdo de aquel programa, "Encuentro Vuelta", en el que compartían mesa Octavio Paz y Mario Vargas Llosa, éste dijo que México era la dictadura perfecta "no de un hombre, sino de un partido" porque, entre otras cosas, "reclutó eficientemente a los intelectuales [...] sobornándolo [al medio intelectual] de una manera muy sutil a través de trabajos, a través de nombramientos, a través de cargos públicos... ". Esto me pone de nuevo enfrente la metáfora del "perro callejero". Un perro callejero anda por ahí vagando en busca de refugio y a quien le hable bonito y lo mime un poco, le mueve la cola y está de arrimado. El perro callejero por un poco de cariño y comida estará a disposición.
"Me gusta ser un asalariado" dijo uno de los más eminentes intelectuales que gozan de su vida académica refiriéndose al hecho de que le gustaba dar clases y que no perseguía fines personales; sí, algunos intelectuales son la academia.
Los intelectuales quieren dejar atrás el canon que se establece en los planes de estudio, quieren también implantar una nueva tendencia poética, "muy salvaje" que a veces, en su esgrimir, parece risible. Y como no los dejan o no les gusta ser muy académicos, optan por hacer menos a estos. Prefieren aplicar sus poéticas libertinas en la esquina de Copilco y Universidad.
Aparte, y no discrimino, los perros callejeros tienen un chingo de achaques: pulgas, garrapatas, sarna, rabia y, como dice Sancho, no digo más.
Conviene decir que esa "cisma" en la Facultad es un poco notoria. Digamos que la academia, usemos algo burdo, es como un Club de Toby en el cual, quien no entra dice horrores de ella y menosprecia la labor, en cierta medida reconocida, que se lleva a cabo ahí y comienza a desarrollar, cosa notable, sus propios proyectos que son impulsados y... alentados por ser rupturistas.
A muchos de la carrera les interesaría ser parte de los intelectuales de México, por su cabeza no pasa estar en las aulas en esa labor que parece tan grata. No; a ellos les gusta la creación, el debate, el pensamiento crítico, la palabra (no sé verdaderamente cuál palabra). Al otro grupo también le gusta todo eso pero me parece que es más real, más factible.
Una de las cosas que el profesor reprochó al "académico" es que a éste nunca le gusta mostrar sus preferencias políticas o dar apoyo a uno u otro partido político. Y que en cambio el intelectual está con todas, sí decide apoyar abiertamente a un candidato, cualquiera.
Aquí me acuerdo de aquel programa, "Encuentro Vuelta", en el que compartían mesa Octavio Paz y Mario Vargas Llosa, éste dijo que México era la dictadura perfecta "no de un hombre, sino de un partido" porque, entre otras cosas, "reclutó eficientemente a los intelectuales [...] sobornándolo [al medio intelectual] de una manera muy sutil a través de trabajos, a través de nombramientos, a través de cargos públicos... ". Esto me pone de nuevo enfrente la metáfora del "perro callejero". Un perro callejero anda por ahí vagando en busca de refugio y a quien le hable bonito y lo mime un poco, le mueve la cola y está de arrimado. El perro callejero por un poco de cariño y comida estará a disposición.
"Me gusta ser un asalariado" dijo uno de los más eminentes intelectuales que gozan de su vida académica refiriéndose al hecho de que le gustaba dar clases y que no perseguía fines personales; sí, algunos intelectuales son la academia.
Los intelectuales quieren dejar atrás el canon que se establece en los planes de estudio, quieren también implantar una nueva tendencia poética, "muy salvaje" que a veces, en su esgrimir, parece risible. Y como no los dejan o no les gusta ser muy académicos, optan por hacer menos a estos. Prefieren aplicar sus poéticas libertinas en la esquina de Copilco y Universidad.
Aparte, y no discrimino, los perros callejeros tienen un chingo de achaques: pulgas, garrapatas, sarna, rabia y, como dice Sancho, no digo más.
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