miércoles, 2 de noviembre de 2011

¿Ser un perro callejero?

Hace poco en una clase de Literatura Iberoamericana, durante el recuento de un encuentro que el profesor y su adjunto organizaron, el primero anotó que el doctor E.S., en la conferencia inaugural, había puesto la dicotomía académico-intelectual en la que elegía ser un intelectual, porque éste es "como un perro callejero" porque, parafraseándolo, un perro callejero sabe más de la vida que uno de casa y es más hábil y cosas por el estilo. Tal metáfora le pareció de lo más genial a mi profesor y ese entusiasmo por el hilo negro traído y presentado por aquel doctor causó un revuelo impactante en la clase. Al menos tres de mis colegas se sintieron perros callejeros y, yo percibí rencor, empezaron a lanzar comentarios sentidos en contra del ámbito académico de la Facultad.
Conviene decir que esa "cisma" en la Facultad es un poco notoria. Digamos que la academia, usemos algo burdo, es como un Club de Toby en el cual, quien no entra dice horrores de ella y menosprecia la labor, en cierta medida reconocida, que se lleva a cabo ahí y comienza a desarrollar, cosa notable, sus propios proyectos que son impulsados y... alentados por ser rupturistas.
A muchos de la carrera les interesaría ser parte de los intelectuales de México, por su cabeza no pasa estar en las aulas en esa labor que parece tan grata. No; a ellos les gusta la creación, el debate, el pensamiento crítico, la palabra (no sé verdaderamente cuál palabra). Al otro grupo también le gusta todo eso pero me parece que es más real, más factible.
Una de las cosas que el profesor reprochó al "académico" es que a éste nunca le gusta mostrar sus preferencias políticas o dar apoyo a uno u otro partido político. Y que en cambio el intelectual está con todas, sí decide apoyar abiertamente a un candidato, cualquiera.
Aquí me acuerdo de aquel programa, "Encuentro Vuelta", en el que compartían mesa Octavio Paz y Mario Vargas Llosa, éste dijo que México era la dictadura perfecta "no de un hombre, sino de un partido" porque, entre otras cosas, "reclutó eficientemente a los intelectuales [...] sobornándolo [al medio intelectual] de una manera muy sutil a través de trabajos, a través de nombramientos, a través de cargos públicos... ". Esto me pone de nuevo enfrente la metáfora del "perro callejero". Un perro callejero anda por ahí vagando en busca de refugio y a quien le hable bonito y lo mime un poco, le mueve la cola y está de arrimado. El perro callejero por un poco de cariño y comida estará a disposición.
"Me gusta ser un asalariado" dijo uno de los más eminentes intelectuales que gozan de su vida académica refiriéndose al hecho de que le gustaba dar clases y que no perseguía fines personales; sí, algunos intelectuales son la academia.
Los intelectuales quieren dejar atrás el canon que se establece en los planes de estudio, quieren también implantar una nueva tendencia poética, "muy salvaje" que a veces, en su esgrimir, parece risible. Y como no los dejan o no les gusta ser muy académicos, optan por hacer menos a estos. Prefieren aplicar sus poéticas libertinas en la esquina de Copilco y Universidad.
Aparte, y no discrimino, los perros callejeros tienen un chingo de achaques: pulgas, garrapatas, sarna, rabia y, como dice Sancho, no digo más.

domingo, 30 de octubre de 2011

Pertinencias mortuorias

El miércoles 26 de octubre asesinaron a un miembro de la comunidad estudiantil de la Facultad de Filosofía y Letras. Hasta ahí había una consternación dentro de la comunidad misma. Sólo se sabía que se llamaba Carlos Sinuhé (la ortografía, atendiendo a los caprichos mexicanos, es dudosa: también lo escriben Sinhué...)y que había sido "ultimado" con 16 (!) balazos. (Achacan la muerte al gobierno de Calderón y su narco-guerra, amén del clima de inseguridad dada la misma).
A lo largo del jueves surgieron especulaciones: que era un dealer, que era activista con amenazas, que no tenía no enemigos ni había sido amenazado...
Ese mismo jueves personas cercanas (de algún inexplicable modo) a la Facultad organizaron una asamblea para determinar cuáles serían las actividades que se realizarían a la brevedad, todo por esclarecer el crimen del compañero muerto.
Decidieron hacer un paro de 24 horas a partir de las 19 horas para provocar que las autoridades tomaran cartas en el asunto y estuvieran involucradas en el proceso de resolución del caso. Algunas voces en el transcurso de la noche dijeron que esos individuos recorrieron los pasillos y sacaron con violencia a los que aún tomaban clases. No veo la necesidad de hacer un paro como el que se terminó realizando, se pensaría en hacer un paro activo, con una intensa labor de difusión e información al resto de la comunidad universitaria. Pero no un paro de labores por el que se pone en entredicho la actitud y el comportamiento de las personas que lo organizaron. Ese día se habló de "urbanidad" en un grupo de una red social, creo que ellos no la demostraron.
Otra de las acciones fue realizar una marcha al interior del campus con el fin de informar a las demás facultades de lo sucedido y reclutar más gente para la marcha "grande" del próximo jueves.
Durante su recorrido repartían papelitos donde se informaba sucintamente (mantenían la cantidad de 16 balazos) lo sucedido con el universitario. Hubo gente que no recibía tales papelitos. Vi al menos tres casos de esos volanteros que ante la negativa de los demás universitarios, respondían con insultos y degradaciones, todo por ser "unos apáticos".
Yo entiendo a estos seres cercanos a la Facultad, puedo comprender el coraje que provoca que maten de esa manera a una persona que conocían. Pero no tenían porqué usar la violencia ya física ya verbal para demostrar su coraje y menos contra miembros de la comunidad universitaria. El detalle es que muchos de ellos no son (propiamente) estudiantes, la gran parte dedica su tiempo universitario al llamado y cada vez más cuestionable –por sus integrantes– "movimiento estudiantil". El mismo muerto estaba inscrito desde 1997 en la licenciatura de Filosofía y, según sus cercanos, hacía la tesis hasta el miércoles. Es decir, tenía 33 años y llevaba 14 en la Facultad, no estudiando sino "apoyando y defendiendo las causas justas". Estoy seguro que pocas personas lo vieron alguna vez, al menos en los últimos... 10 años, en un salón de clases. De éstos abundan muchos por toda la Universidad.
De por qué lo mataron sólo quiero decir que es muy cuestionable que haya sido una de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico sólo por el hecho de ser un activista sumamente activo. Así uno podría pensar que cualquier muerto desde declarada la guerra contra el narco es víctima de la misma dado un clima de inseguridad que también causa esa guerra (también cuestionable).
Lo doloroso de la jornada fue ver en la nota roja, como solamente ellos saben, la foto de Carlos Sinuhé –ellos dicen que fueron 6 balazos: ¿a quién se le cree: a los sin-escrúpulos de la prensa amarillista o a los comprometidos, pero exageradores, miembros de "colectivos estudiantiles" que dicen que fueron 16 balas?–. Eso sí que no lo alcanzo a comprender: por qué hacer del sufrimiento de las familias que pierden un familiar (y no hablo nada más de este güey de Filos) un negocio y una fábrica de chistes y juegos verbales que únicamente humillan al muerto. Es un hecho que a últimas fechas se ha visto acrecentado, o porque la gente necesita más morbo o porque constantemente aparecen muertos y más muertos a granel en este país que se lo está llevando el carajo.
Me pregunto ahora si ese "estudiante muerto" haya valido la pena como para tener cerrada la Facultad de Filosofía y Letras por 24 horas. O es que sólo por ser activista se le debe rendir tal "tributo", o como se le quiera llamar. ¿Se habrá perdido un ser valioso que pudo haber aportado algo al desarrollo humanístico de México? Dejo la pregunta al aire...

jueves, 29 de septiembre de 2011

Ahora que tengo veinte años/ Ara que tinc vint anys

Estoy cumpliendo veinte años.
No es que vaya a tener veinte años, de hecho son veinte años que ya no tengo.
Hace unos días vi a Serrat y lo escuché platicando a un grupo de estudiantes sus anécdotas y sus opiniones sobre su oficio: el oficio de cantor.
Traigo, y saco del olvido, su canción "Ara que tinc vint anys" a colación. Doy el texto catalán y su traducción al español.


"Ara que tinc vint anys", Joan Manuel Serrat, 1967.

Ara que tinc vint anys,
ara que encara tinc força,
que no tinc l'ànima morta,
i em sento bullir la sang.

Ara que em sento capaç
de cantar si un altre canta.
Avui que encara tinc veu
i encara puc creure en déus...

Vull cantar a les pedres, la terra, l'aigua,
al blat i al camí, que vaig trepitjant.
A la nit, al cel, a aquest mar tan nostre,
i al vent que al matí ve a besar-me el rostre.

Vull alçar la veu, per una tempesta,
per un raig de sol,
o pel rossinyol
que ha de cantar al vespre.

Ara que tinc vint anys,
ara que encara tinc força,
que no tinc l'ànima morta,
i em sento bullir la sang.

Ara que tinc vint anys,
avui que el cor se m'embala,
per un moment d'estimar,
o en veure un infant plorar...

Vull cantar a l'amor. Al primer. Al darrer.
Al que et fa patir. Al que vius un dia.
Vull plorar amb aquells que es troben tots sols,
sense cap amor van passant pel món.

Vull alçar la veu, per cantar als homes
que han nascut dempeus,
que viuen dempeus,
i que dempeus moren.

Vull i vull i vull cantar.
Avui que encara tinc veu.
Qui sap si podré demà.

Però avui només tinc vint anys.
Avui encara tinc força,
i no tinc l'ànima morta,
i em sento bullir la sang...


La traducción

Ahora que tengo veinte años,
ahora que aún tengo fuerza
y no tengo el alma muerta
y siento que me hierve la sangre.

Ahora que me siento capaz
de cantar si otro canta.
Hoy que todavía tengo voz
y que todavía puedo creer en Dios…

Quiero cantar a las piedras,  la tierra, el agua,
al trigo y al camino que voy pisando.
A la noche, al cielo, a este mar tan nuestro,
y al viento que viene por la mañana a besarme el rostro.

Quiero alzar la voz, por una tempestad,
por un rayo de sol,
o por el ruiseñor
que ha de cantar por la tarde.

Ahora que tengo veinte años,
ahora que aún tengo fuerza
y no tengo el alma muerta
y siento que me hierve la sangre.

Ahora que tengo veinte años,
hoy que el corazón se me acelera,
por un momento para amar
o por ver a un niño llorar…

Quiero cantar al amor. Al primero. Al último.
Al que hace sufrir. Al que vives un día.
Quiero llorar con aquellos que se encuentran solos,
y que sin amor van por el mundo.

Quiero alzar la voz para cantar a los hombres
que han nacido de pie,
que viven de pie
y que mueren de pie.

Quiero y quiero y quiero cantar.
Hoy que todavía tengo voz.
Quién sabe si podré mañana.

Pero hoy sólo tengo veinte años.
Hoy todavía tengo fuerza
y no tengo el alma muerta,
y siento que me hierve la sangre …



jueves, 15 de septiembre de 2011

Andanzas. Caminos y caminantes. Parte I

La Ciudad de México tiene algo que, creo, la hace única y es la "capacidad" de siempre sorprender, apenar, llamar a la curiosidad del peatón, etc...
Antonio Machado, por su parte, escribió hacia 1909 en uno de sus "Proverbios y cantares": "caminante, no hay camino,/ se hace camino al andar".
Lo traigo a cuento pues creo que caminar es una actividad que parece ser menos frecuente en las grandes ciudades. Sólo dos tipos de personas lo hacen: los turistas y los ciudadanos de a pie.
Los que interesan esta ocasión son los segundos. Y es que el placer de caminar por las calles de la ciudad es muy grande; uno aprende y descubre cosas de todo tipo; se encuentra con lugares insospechados -en esta ciudad pasa mucho- o, más bien, inimaginados. Ocurre también que mientras uno camina, a su alrededor sucede algo que provocador, que clama al pudor...

Recuerdo una experiencia: Caminaba -no me acuerdo porqué- por una de esas zonas donde, pasado el mediodía -si no es que desde antes o todo el día-, se paran (o se exhiben) las prostitutas. La cuestión es que mientras yo caminaba me daba cuenta de las acciones de los demás hombres, especialmente adultos, pasados los 35 ó 40 años, quizá: los que iban en el transporte público desde que las  (o los) divisaban a lo lejos por la ventanilla del microbús, las (o los) veían con atención o al menos eso parecía, en ocasiones es probable que exista lujuria en esas largas observaciones; yo creo que es morbo: determinar, a la distancia, el verdadero sexo de quien se prostituye, pero mientras ya vio y algo ha de haber gozado.
Los que caminaban en dirección opuesta a la que yo llevaba también caían presas de la curiosidad y no evitaban echarle una mirada a esos seres. Si el individuo estaba volteado le veían el trasero; si estaban de perfil, veían rápidamente la silueta y las voluptuosidades características; cuando uno, o varios, de los individuos expectantes les decían alguna cosa sucia o pervertida, los aludidos sonreían, con una pena tremenda, y volteaban en busca de un rostro comprensivo. ¡Qué bueno! Nadie había escuchado las cosas que les decían; eso parecía.

Una vez, en la Feria del Libro del Zócalo, presentaron una antología de literatura erótica de escritoras de Tepito. Presentaron el libro la editora (vayaustedasaberquién) y tres narradoras. La gente pidió que se leyeran algunos cuentos para ver si sí los compraban. Imagino que buscaban otra cosa.
Los tres cuentos, lejos de ser malos, caían en lo soez, su contenido: pitos, vaginas, vergas, mamadas, culos, nalgas... en fin, las narradoras sacaron el repertorio de filias y el público se refocilaba, en especial, la gente que caminaba y pasaba cerca del lugar donde los cuentos eróticos eran leídos .
Esa gente alentaba su andar para escuchar mejor los cuentos, disimulaba cansancio y tomaba un respiro justo donde estaba la cuentística erótica tepiteña. Diría que jamás habían puesto tanta atención a algo que escuchaban en la calle.

Es gracioso observar el comportamiento de la gente, del mexicano, cuando en su camino se encuentra con elementos cotidianos o algo retocados que tratan temas sensibles o que aún constituyen un tabú. Caminar, aunque sea por necesidad, implica un reconocimiento de aquello que nos rodea y lo que esto nos provoca, quizás no sea inmediato, pero de seguro se logra con el tiempo...