domingo, 8 de mayo de 2011

Petita nota sobre el català

Ho he dit moltes ocasions, l'interès pel català va començar, al menys, fa uns tres anys; les raons: en Joan Manuel Serrat i el Barça.

Fou amb un disc compacte del primer quan vaig escoltar per primera vegada les seves cançons en català a més de les més conegudes que canta en castellà. Aquella primera cançó va ser "Paraules d'amor" que diu així: "Paraules d'amor senzilles i tendres./ No en sabíem més, teníem quinze anys./ No havíem tingut massa temps per aprendre'n,/ tot just despertàvem del sons dels infants...". Des de aquell moment, la lletra va quedar guardada en la meva memòria, és quelcom que no oblidaré.

De la segona raó, us podré dir que és simplement un equip excel∙lent, té unes qualitats grandioses, pel seu vestidor han passat jugadors impresionants, en fí, són coses que li han permès erigir-se com un dels millors clubs de futbol.
Vaig saber amb això que la cultura catalana és, en veritat, important, no sol a l'àmbit europeu sinó, m'atreveria a dir-ho, arreu de tot el món.
Decidí iniciar els estudis de la llengua en qüestió, volia fer-ho mitjançant auto-aprenentatge amb un diccionari català-castellà que em vaig comprar per una petita quantitat. Escoltí més cançons de en Serrat, primer, les transcriví i després intentí traduïr-les. Tenia en aquell moment un par de llibres en català una antologia de poesia (de la que ja he escrit) y una novel∙la de en Pere Calders.

Vaig saber que al Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras de la UNAM hi havia classes de català, m'havia de preparar bé per un curs bo. No es va poder el primer any.

Durant el any passat, poguí donar-me compte de la ignorància que hi havia (que hi ha) entre els meus companys i companyes sobre l'àmbit ibèric, per ells solo existia com llengua el castellà, les altres no mereixien cap atenció ni interès. Fou tal el fet que dos amics (o això crec) es burlaven de que el català l'ùnic que feia era fer més breus les paraules del castellà i donaven molts exemples, tots ridículs i sense cap coneixement del català. Però jo que si el tenia, no m'agradava molt la seva actitud. Temps difícil.

Al any següent (aquest any) vaig conèixer una noia que li agrada el català, sap llatí i parla també rus, i la llengua en la que ara escric ha tingut una revitalització al meu interior i en la meva vida: perquè ella m'ha convidat a les classes de català al CELE, amb un noi molt maco: el Carles.
És tal el gust que m'he atrevit a escriure aquesta entrada.

Estimo molt la llengua i cultura catalanes, la meva vida no seria la mateixa si no fos per el català.

[Disculpeu els errors que aquest text pot tenir, és el primer que escric en català.]

sábado, 30 de abril de 2011

"Reposo del Guerrero", soneto.

Este soneto fue escrito por Eduardo Langagne y es recogido en Palabras en poesía: diccionario poético por cincuenta poetas mexicanos, José Cedeño, P. Romay, J. Levine, Siglo XXI, México, 2008, pp. 54-55.
El poema resulta muy curioso, digo, no es fácil rastrear catorce palabras en español que finalicen con "j", pues muchas de ellas ya no se utilizan. Sin duda el trabajo es de suyo admirable.
Reproduzco también el comentario añadido al soneto que facilita su comprensión.


SONETO ACABADO EN J: "REPOSO DEL GUERRERO"
    Protegido mi pecho en el gambaj,
    Afilo el arma, brilla su relej;
    En una dulce tregua, el almofrej
    Me da el sueño al rumor del rebalaj.
    Hay consuelo a mi herida en el borraj
    Y andaré aún estando pedicoj,
    Pues no anhelo yacer bajo el alioj,
    Ni ungido héroe como un almiraj.
    Me protegen la noche y el cambuj,
    Conozco igual la espada que la troj,
    Amo el aroma del almoraduj
    Si adereza el carnero el maniblaj.
    Serenamente, oculto tras un boj,
    Espera desafíos mi carcaj.

Este es un soneto realizado con palabras de origen árabe, guerrero. Todas fueron localizadas en una de las ediciones del Diccionario de la Real Academia [Española]. Contradice un poco a quienes aseguran que sólo hay tres palabras en el español terminadas en jota: reloj, boj y carcaj. Los significados de los términos usados en el Soneto son deliciosos: el gambaj es esa camisa de red metálica que todavía podemos ver en las películas de cruzados. El relej es el bisel de un arma punzocortante, el almofrej es una cama de campaña, parecida a una camilla de emergencia, sencilla y ligera. El suave ruido que produce el agua al escurrir entre las rocas de la playa se llama rebalaj. Borraj es [bórax], para curar heridas; pedicoj se dice también pedicojo: lastimado de un pie. Al pedazo de mármol que se coloca encima de las tumbas se le llamó alioj. El almiraj es un grado militar, en español se usa "almirante", pero antiguamente el término era para soldados tanto de mar como de tierra. Cambuj es una cubierta negra para la cabeza, como un pasamontañas negro, ¿se acuerdan de la palabra "cambujo", que denominaba un color de piel muy oscuro? La troje, se dice ahora, era troj, en árabe. El almoraduj era un guiso, un estofado con carne y especias, la palabra me recuerda el olor de la carne guisada; el maniblaj era un ayudante de cámara y de cocina, un sirviente más o menos especializado, según entiendo. Boj y carcaj son términos conocidos. El guerrero reposa. Así que Abu Tamman, aquel antiguo recopilador de cantos guerreros no habría encontrado éste que ahora presento a los lectores.

miércoles, 26 de enero de 2011

Voy en el metro...

... y mientras, pienso en algunas personas que se dicen mis amigos y no parecen serlo, en asuntos de relaciones hombre-mujer (léase amorosos) y en algunas otras cosas de lo por venir, me doy cuenta de que soy el individuo más alto que hay en ese vagón. Mis casi 1.90 metros (1.88 exactamente) me permiten serlo.

Es temprano y es hora pico (en esta ciudad casi todo el día es hora pico en el metro) y los vagones empiezan a llenarse de gente; sigo siendo el más alto.

La gente que va dentro intenta tener un poco de espacio no dejando que los que esperan fuera entren, pero se ha acostumbrado a esa caraterística que, según dicen, los latinos tenemos: nos gusta el contacto con los demás. Aparte de la comprobación de esa máxima, también se rompe una de las leyes de la física, la de la impenetrabilidad donde no pueden caber dos cuerpos en un mismo espacio y un mismo tiempo; aquí sí sucede: donde se supondría que cabría un individuo promedio (estatura y peso medios, esto es, 1.65 m. y 65 kg.), caben hasta tres con los empujones y todo lo que eso pueda conllevar al cerrarse la puerta y luchar por ingresar al vagón.

Lo que eso ocasiona es que la gente vaya pegada a la gente, pecho con espalda (o como se entre) u otras posiciones muy, muy incómodas.
Entonces, como soy de una estatura superior a la promedio y la gente que entra durante la refriega es de esa estatura, resulta que sus cabezas quedan o a la altura de mis codos (en casos extremos) o abajo de mi nariz a la altura de mi pecho o a la garganta pero siempre abajo de mi nariz -extrañamente-.

Cuando voy en el metro tengo la mala costumbre de tener la cara hacia el frente (duele el cuello si no es así) y de respirar por la nariz la mayor parte del tiempo. Dado lo cual, lo que exhalo -o algún dejo de ello- sale y va directamente al coco, si son estaturapromedios, de los individuos o a la (o un poco arriba de la) nuca, si es que superan el promedio de estatura.
(No quiero que lo anterior se entienda como algo que disfrute hacer, si no que es inevitable y sólo pasa en las horas pico, cuando uno no puede moverse ni un ápice.)

Esos individuos que entran o que son empujados, [me parece que] tienen un complejo con su estatura; ha de ser incómodo que, cuando van en el metro, sus cabezas estén entre las espaldas de los demás y que cuando por fin parezca que estén libre de opresión corporales salga un cabrón que se crea muy alto (y tal vez lo sea) le respire en su coquito.
Sale, entonces, que también son homofóbicos y [me vuelve a parecer] que gustan de lanzar albures con sus amigos para ver quién recibe y chupa pitos de los demás, pero que cuando son los que reciben (aunque sea en un juego de palabras) -pasivos le dicen algunos- se molestan y dudan de su hombría y tratan de imponerse a otro -léase echando pleito-.
Han de creer en ese momento que soy un soplanucas (duda de la composición de tal palabra) y han de enojarse porque eso los convertiría en muerdealmohadas (dudo también de la de ésta) y eso al macho mexicano ya no le gusta.

De esta parte es gracioso observar cómo aquéllos (los chiquitines) jamás se dan cuenta quiénes lo rodean en el vagón, por lo que se ven sorprendidos cuando se les ocurre voltear a ver quién es el ojete que osa dejar ir su exhalación hacia su nuca. Optan por alejarse, no vaya a ser que les guste y no me los separe.

Ya lo dicen bien los botellos en la canción que le dedican al "gusano naranja":  "Sudas, pujas, te arrimas, te alejas; ya ni modo, me voy a quedar"

domingo, 19 de diciembre de 2010

Un partido del (mundo) mundial

Encontré en unos papeles que creía perdidos este textito que publico ahora con unos retoques.


02-07-10
Hoy se dio uno de los partidos de futbol más emocionantes que se hayan visto dentro del Mundial de Sudáfrica 2010. Los equipos eran Uruguay y Ghana, que se encontraban en los cuartos de final, era el segundo partido del día; horas antes se había visto a una selección holandesa que pudo (le ganó) con la siempre poderosa y favorita selección brasileña.

Aquellos equipos, en octavos, derrotaron a Corea del Sur y a Estados Unidos (en tiempo extra), respectivamente. (Cabe anotar que en los cuatro partidos de los cuarto de final había una selección sudamericana, que Brasil ya había sido eliminado y que las otras -Argentina y Paraguay- a la postre, también tendrían el mismo destino; por otra parte, Ghana era el único equipo africano que había pasado de la primera ronda, los otros mostraron un desempeño que decepcionó a muchos.)

Para ver este partido decidí ir hasta el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde ésta había sido seleccionada nada más ni nada menos que por Coca-Cola como una de las (creo) cinco sedes para que ahí se llevara a cabo el International FIFA Fan Fest. Esto consistía en disponer del Zócalo como un lugar en el cual se viera, se viviera y se bebiera futbol durante toda la Copa del Mundo, evidentemente consumiendo Coca-Cola y Barcel.

Llegué minutos antes de que iniciara el protocolo de los himnos y del volado.
Al iniciar el juego había mucha gente, digo, para ser un partido entre Uruguay y GHANA (?). Era de resaltar que sí había uruguayos en la multitud: calculo que eran como entre 30 ó 35.
Del otro lado se dio un fenómeno curioso: el (pueblo) mexicano siempre apoya a las naciones menores (tanto histórica como social o económicamente) [véase el caso de Haití cuando el terremoto, cuando el tsunami en el suroriente asiático...]; esta vez no fue la excepción, me atrevo a decir que la mayoría de los ahí presentes apoyábamos a Ghana, aunque considero que había otras razones: 1) no jugaban mal, mal; 2) eliminaron a Estados Unidos -eterno rival del mundo y, obviamente, en lo futbolístico, de la afición mexicana-; 3) se enfrentaban a Uruguay, tercer rival de México en la primera ronda, donde aquél nos ganó y se llevó el primer lugar, mandándonos contra Argentina que, otra vez, nos eliminó y bla bla bla...; 4) Ghana no tenía afición presente en el Zócalo, como no ocurría con Uruguay, que sí tenía: alguien tenía que apoyarlos.

Celebrábamos todo lo bueno que hacía Ghana, a pesar de que las oportunidades realmente peligrosas eran de los charrúas; era, sin embargo. un duelo equilibrado. Anhelábamos que Ghana diera la sorpresa.
Hacia el final del primer tiempo en un jugada medio rara, Sulley Muntari, ghanés, sacó un tiro que Muslera, portero uruguayo, no pudo detener. Uruguay 0- Ghana 1. Todos festejamos como si fuera nuestro equipo (éste sí pasó a cuartos).
Durante el medio tiempo había gente optimista que veía la caída de Uruguay ocasionada por Ghana; estaban nulificando el poder ofensivo charrúa.
Uruguay, desde que inició el segundo tiempo, mantuvo el control del balón y todas las llegadas eran suyas, la expectación aumentaba, las ganas de ver el partido empatado aumentaban, eso obligaría a los africanos a dejar de ser defensivos y saltar líneas.
Sucedió. Una falta innecesaria a las afueras del área a favor de Uruguay. Diego Forlán se dispuso a disparar. Un tiro sencillo que Kingson erró al considerarlo y lo hizo ver mal. Uruguay 1- Ghana 1. Faltaban 35 minutos de juego y parecía que Uruguay sería el segundo semifinalista.
No pasó mucho, lo usual: llegadas de ambos lados, el cansancio, la ansiedad por saber que con un gol se definiría la eliminatoria...

El empate en el tiempo reglamentario obligó a irnos a tiempos extra. Treinta minutos más de estar ansiosos de ver lo que pasaría ahí.
Curiosamente, Ghana tomó el control del partido, los jugadores uruguayos estaban fundidos, aquéllos tenían, eso parecía, cuerda para otros 90 minutos. También daba la impresión de que tenían la mente clara para organizar un ataque eficiente.
Esto fue más intenso al final del partido, aproximadamente a partir del minuto 116, lo fue tanto que al 119' -casi 120', una jugada verdaderamente de puro riñón, un testarazo hacia la puerta de Muslera parecía el gol ghanés y el pase a semifinales, pero Luis Suárez lo impidió: a primera vista se pensó que la jugada había sido limpia, pero algo no encajaba, la posición y el movimiento del cuerpo del uruguayo no coincidían con lo que la gente se imaginó: él utilizó la mano para impedir que el balón entrase y los derrotara.


Los uruguayos del Zócalo sabían que hasta ahí llegaba su selección, la celeste, los demás nos regocijábamos del final del partido y, sobretodo, de la desgracia de nuestros amigos sudamericanos.
Luis Suárez, no lo creía, de seguro fue una reacción al sentir el fin del partido, de saberse vencido, de... algo extraño sin duda; se fue expulsado, llorando, por él su selección quedaría eliminada, por una mano, un penal. Su recorrido hacia los vestidores fue lento, sólo esperaba ver la derrota de su lado para llorar aún más.
Toda la gente que estaba en el pìso sentada sin excepción se puso de pie pues sentía que era el final del partido, un partido lleno de talento de ambos equipos, un partido espectacular, un partido de mundial.
Pero el futbol tiene eso que lo hace maravilloso, cómo de la tristeza y angustia total uno puede pasar a la felicidad y la euforia en pocos segundos: Asamoah Gyan sería quien diera cuello a los charrúas ejecutando el penal. Todo estaba servido en el Soccer City para ver a una selección africana llegar a las semifinales. En el Zócalo ya teníamos el grito de ¡gol! preparado. El árbitro (creo que es portugués y se apellida Benquerenca, o algo así) pitó, la gente estaba lista pero


Asamoah Gyan falló el penal y con eso se acababa el partido y los ánimos de los ghaneses que habían mostrado garra y corazón. Se definiría todo en penales.
La señal transmitió la escena en la que Suárez lloraba camino a los vestidores pero se detuvo a ver el tiro, cuando vio que había sido fallado corrió como loco, gritando y parecía lleno de vida de nuevo. No lo creíamos. Nos mirábamos buscando una respuesta a lo inexplicable del error de Gyan. Supongo que los otros, como yo, sintieron lo mismo: aunque apoyábamos a Ghana sabíamos que no podía lograr avanzar mediante los tiros penales con los ánimos por el suelo a causa de la pifia anterior. Todo aficionado al futbol lo sabe.
Estábamos obligados, los jugadores a soportar el peso de los penales y nosotros a presenciar el final azaroso de un partido brillante.

El Zócalo de repente calló y cayó presa del suspenso que una serie de penales sabe producir.
He aquí la serie de penales:
                      

El último penal fue fantástico, obra de Sebastián Abreu, quien jugara en México años atrás y que sus penales tienden a tener el mismo estilo.

[La gente que "pasaba" por el Zócalo se detuvo a ver los penales. La imagen del último penal, el de Abreu.]

Los uruguayos radicados en la capital brincaban de alegría, gritaban ¡ganamos! y el himno uruguayo era entonado por este contingente sudamericano. Quién los viera, al borde del llanto al final del tiempo extra y después emanando regocijo.
Al final, todos nos fuimos contentos por haber visto un partido pleno de emociones. Era, más o menos, el partido más dramático del mundial. Vimos cómo el último equipo africano, su esperanza, se iba del Mundial, peleando. Y quedaba demostrada la mítica "garra charrúa".

El FIFA Fan Fest reunió a todo fanático del futbol que quisiera ver los partidos del mundial en compañía de otros fanáticos. Qué importa el origen, cuando lo importante era (es) el juego que hace que olvidemos un rato las penas.